Himno al amor

 

Ahora yo te muestro un camino mucho mejor:
Si yo hablara lenguas, de hombres y de ángeles, pero no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe. Y si tuviera profecía, y entendiera todos los misterios y todo conocimiento, y si tuviera toda la fe, que hasta moviera a los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y entregara mi cuerpo a las llamas y me gloriara, y no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es sufrido, es benigno;
el amor no tiene envidia;
el amor no es presumido,
no se envanece,
no hace nada indebido,
no es egoísta,
no se irrita, no guarda rencor;
no se goza de la injusticia, si no que se goza de la verdad.
Todo lo sufre (sin límites), todo lo cree (sin límites),
todo lo espera (sin límites), todo lo soporta (sin límites).


El amor nunca termina; pero las profecías terminarán, se acabarán las lenguas y el conocimiento cesará.
Y en parte conocemos y en parte profetizamos; pero cuando venga lo perfecto, entonces todo lo que es en parte se acabará.
Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; pero cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.
Y ahora es como si viéramos en un espejo, oscuro y borroso, pero entonces veremos cara a cara.
Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré como soy conocido.
Están la fe, la esperanza y el amor, los tres; pero el mayor de ellos es el amor.

 
  San Pablo
 
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