Desprestigiar los servicios públicos

es muy fácil. Y una vez conseguido ese objetivo es casi instantáneo el siguiente: convencer al pueblo de lo rentable de su privatización.
Pasado un tiempo podremos darnos cuenta de que las privatizaciones no son buenas, pero quizá sea demasiado tarde porque tendríamos que nacionalizar y entonces nos llamarían comunistas y ya se sabe que eso es un insulto.

Cada día hay más pruebas de que estamos cerca de esa cadena de acciones. ¡Atentos!

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